
Nuestro sol no esta alto,
no se manda la parte
ni encandila como un fanfa
los ojos de los que pasan
para que miren y digan
cosas de nosotros a plena luz.
Nuestro sol raspa el horizonte
por las mañanas y tardes
haciendonos las lagrimas
de nostalgias y pensamientos
intimos y hondos
a la hora en que caen
los borrachos
y se ciegan los que festejan.
Nuestro sol
es como una mandarina
fresca que retoza
entre aun sombras en ciernes concavas.
Cantamos y bailamos
alrededor suyo
y lo esperamos con el rito
de los adoradores del otoño y el invierno
con guirnaldas de hojas secas
y collares de copos de nieve.





